domingo, 24 de junio de 2012

La ponzoña que no es

No atiendas a la sangre, si no quieres,
ni al centro de tu cuerpo su nostalgia
que al fin pensando que en ello no eres
felizmente puede temblar tu boca.

En tus poros hay telarañas
y tu ombligo es
un módulo para la fortuna de la espera, siempre.
¿Quién te besó la pequeña boca
y pensó que la había desaparecido en el beso?
Y lentamente bajó la mano para acariciarte
pero al sentir tú como ponzoña
te separaste para siempre de su cuerpo.

Después de lo fatal corazonado:
vivo en la fatiga
y muerto en la hoguera; vives
astillando a la soledad como si fuera
manantial del alma para tus manos.