Ofrecer a la pared corteza con más silencio,
quedarse solo
y ascender a lo no tocado por el cielo
es tener miedo.
No sabes dónde queda el sitio de la infinita obediencia y la saturación.
Caminar por la Zona Rosa no es liberarse
sólo es caminar en el miedo
en el asesinato.
Las alas con nostalgia no vuelan igual.
Es el miedo de la pulpa de los maricas en la Ciudad del gris eterno:
el gris mundo de los homosexuales:
los jotos
los muerde-almohadas, los patos, los ganzos, los sodomitas,
los apios, los cancos, los pájaros, los cabros, los niñas, los jamaicas, los mariposas, los putos, los puñales, los floras, los adelaidas, los marineros;
a los que les gusta:
el arroz con popote, la coca-cola caliente, el jitomate y cachar granizo.
Los hombres delicados
y los que ofrendan su masculinidad en un moño de cuadrículas negro
es el luto y el miedo
el miedo de dejar en la ventana el bigote con sangre
de lubricar el camino
de ensanchar la avenida
de escurrirse en el musgo.
quedarse solo
y ascender a lo no tocado por el cielo
es tener miedo.
No sabes dónde queda el sitio de la infinita obediencia y la saturación.
Caminar por la Zona Rosa no es liberarse
sólo es caminar en el miedo
en el asesinato.
Las alas con nostalgia no vuelan igual.
Es el miedo de la pulpa de los maricas en la Ciudad del gris eterno:
el gris mundo de los homosexuales:
los jotos
los muerde-almohadas, los patos, los ganzos, los sodomitas,
los apios, los cancos, los pájaros, los cabros, los niñas, los jamaicas, los mariposas, los putos, los puñales, los floras, los adelaidas, los marineros;
a los que les gusta:
el arroz con popote, la coca-cola caliente, el jitomate y cachar granizo.
Los hombres delicados
y los que ofrendan su masculinidad en un moño de cuadrículas negro
es el luto y el miedo
el miedo de dejar en la ventana el bigote con sangre
de lubricar el camino
de ensanchar la avenida
de escurrirse en el musgo.





