lunes, 17 de junio de 2013

Hemos venido




A propósito de la Mega Marcha Ecatepec
 

Labradoras,
en contra del silencio,
mutiladas,
haciéndose más profundas,
las voces escribiendo al viento
la verdad de la pena.

Si por mundo Ecatepec
es el nuestro,
malherido,
no sucumbiremos a la hecatombe.

Madurar la voz y hacerla dura
que sólo así 
dura y dura la muchedumbre.

El cerro Ehécatl
parece el muro del obituario;
parece la orfandad ser madre;
los dolores, cercanas dentaduras de la sepultura;
y la meditación, noche inapelable.
Aquí ya duele el prólogo
y no queremos inevitable historia de un solo destino,
por eso,
por resistir al descalabro de la voz que manda,
hemos venido
a ser palomas blancas
a acurrucarnos al sueño que podemos.
Cuerpo al cuerpo, oscile el sosiego.
El corazón de todos es un mismo corazón.
Porque ya descarnadas palomas
hemos tenido
que respirar y llorar.
A tratar de certidumbre,
a dormir debajo de las jacarandas,
deshojando buganvilias,
a tejer mañanas inamovibles, tranquilos,
hemos luchado para merecerlo,
dedicado nuestros hijos,
nuestros esfuerzos de hombres,
construido tulipanes con nuestras manos,
embellecido nuestro paisaje.
A amparar los territorios que son nuestros,
hemos venido.




domingo, 16 de junio de 2013

El día que dejé de ser triste




Duerme el último relámpago, de la última noche en que seré triste. Será el brillo del sol en la luna quien me dirá la madrugada. Abriré la piel de mi pecho y saldrá una mujer decaída, vieja, se camuflará con el cielo renegrido como su túnica,  pero abrirá sus ojos y golpeará su mirada mi corazón aunque el destino serán mis ojos. Oiré el nombre de todos los que dormidos en mi cotidiano muchacho yacían. Me escupirá con almas de los nombres. Todo seré un esqueleto narrado de llantos y fantasmas.

¡Oh, palabra!
¡Oh, melancolía!
¡Oh, madre que es la memoria, todo! 

Aparecerá el cuerpo del hombre de mi pena minúsculo, macizo, roca pero antes sueño. Lo querré en la punta del látigo, echado al fuego, hecho de golondrinas. Inconfortable cuerpo. Mi rencor es el dolor que me azotó después del viento de su lámpara y su inteligencia. Cuerpo invernado, atrás de las persianas pulmonares, invertida agua, invertido calor. Al revés que la gravedad, se irá. Me quedaré, sin él, ambicionado del apaciguamiento de su metálica dentadura. El daño que me incorporó fue mi propia decisión, por eso, esta tensión que me despide es redimirme. Adiós al sombrero gris de los pensamientos. Ahora me parezco al árbol húmedo de junio, café duro, pesado tronco, al aire, fresco; o al algodón en manos del campesino rebelde que no recoge todo y libera de sus manos lo que imagina es una nube miniatura y densa y la sopla con su aire sin ley hacia los rieles del viento.

Y continuará el dolor yéndose.

Ya no repetirás el incesto, la pólvora cerca de la chispa. Tu madre lejos, tu padre cerca, desconociendo el incesto. Incesto: calor del apellido, que termina en el apellido, que allí se queda, que se queja del cristal. Ni la cama para Bernardo, Carlos, Ricardo, Rubén… los que hayan sido, servirá para huir con ellos hacia las entrañas de aguas pues dormirás en breve solo con tu fuente que será enmohecida de máximas masturbaciones: innumerables besos de tus manos. Mas verás las caricias de aquellos años, como tatuajes, entre tus muslos, y no el dolor propinará su facultad.

Ya no volverá a irse, ya se fue lo que es hoy ausente. Podrá otro dolor, otra tragedia, volver, pero en nuevos campos. Ya no melancolía.

Las nubes del cielo violáceo, te aconsejan de hermosura, el mañana como red amortiguadora de la tiniebla.

No, no serás feliz, serás el tinte de los presentes tiempos, donde tu mano participará de escultora.

Otro hombre más, otra mecánica, otros besos. Vendrá de amorAbrirá tus piernas, lamerá. Descubrirá su sexo, entrará.

Tu sonrisa será perfecta, no por lineales los dientes, ni por blancos, sino por sincera, verdadera.