A propósito de la Mega Marcha Ecatepec
Labradoras,
en contra del silencio,
mutiladas,
haciéndose más profundas,
las voces escribiendo al viento
la verdad de la pena.
Si por mundo Ecatepec
es el nuestro,
malherido,
no sucumbiremos a la hecatombe.
Madurar la voz y hacerla dura
que sólo así
dura y dura la muchedumbre.
El cerro Ehécatl
parece el muro del obituario;
parece la orfandad
ser madre;
los dolores, cercanas
dentaduras de la sepultura;
y la meditación, noche
inapelable.
Aquí ya duele el
prólogo
y no queremos inevitable
historia de un solo destino,
por eso,
por resistir al
descalabro de la voz que manda,
hemos venido
a ser palomas blancas
a acurrucarnos al
sueño que podemos.
Cuerpo al cuerpo,
oscile el sosiego.
El corazón de todos es un mismo corazón.
Porque ya descarnadas palomas
hemos tenido
que respirar y llorar.
A tratar de certidumbre,
a dormir debajo de las jacarandas,
deshojando buganvilias,
a tejer mañanas inamovibles, tranquilos,
hemos luchado para merecerlo,
dedicado nuestros hijos,
nuestros esfuerzos de hombres,
construido tulipanes con nuestras manos,
embellecido nuestro paisaje.
A amparar los territorios que son nuestros,
hemos venido.
