sábado, 24 de abril de 2021

De qué pueblo de mi carne

 

 

 

Ahogo el descifrado cuerpo  

que alguna vez creí que me pertenecía

y salvo la vida del ocaso

la vida de los seis minutos

antes de vivir el sueño,

me sumerjo en mi rostro

de la primer pincelada de maquillaje,

el camino que mi voz recorre

de mi cerebro hasta mi boca

―no sé bien de dónde,

de qué ciudad

de mi cuerpo,

de qué país de mi piel,

de qué pueblo

de mi carne,

de qué cascada

de mis huesos,

de qué arcoiris

de mis entrañas,

vienen a inundar el espacio para la voz

con esta voz

en este idioma con cara de sofisma―

me sumerjo en el veloz y profundísimo tiempo

en que en los dos horizontes

día y noche se reconquistan

y en ese primer pío pío que germina

en los cricrís y los abraza,

en la inflamación de la tierra

de la primer gota de sudor de la jornalera

despierta en lluvia.

Me duermo para escuchar

el primer gesto de la formación de una ola

en los pechos de mis amigos

con ranuras de amantes y hermanos

de sus cuerpos recobrando la luz

entre dueños y poseídos,

en un segundo sueño de mañana

porque estoy en casa desconocida.


23 de marzo 2020





domingo, 18 de abril de 2021

Qué beberás de mí




Qué beberás de mí

si soy un hombre de sed.

Qué comerás

si mi carne es el hambre.

Qué tejerás

si son de agujas mis hilos.

Conduélete de mí

o enfréntate valiente

al miedo de mis faltas.


12 de junio de 2019




martes, 13 de abril de 2021

Labores del fuego



La cebolla se desmaya

los quelites caen en coma
lo mismo berros que romeritos
acelgas que espinacas
exhaustas hermanas verdes
huauzontles y verdolagas
en una disminución que duele
chivitos y quintoniles
abandonan su tensión
y uno huele su alma que se escapa
del epazote y la hierba santa 
lo mismo velluditas y desnudas
su cara verde se amorena
hay quienes palidecen
y amargan aguas, 
los chiles enfadados
incrementan su pungencia,
los nopales escupen
-como se defienden con su olor 
los pinacates-
se envuelven con su vestido en baba
y quedan exhaustos y sudorosos
pero no escapan,
el huevo al querer huir, burbujea
pero esponjado queda,
la leche imita el baile de la lava
en su lucha con el fuego.

Las aves

 

Vienen a buscar algo y se van. Se van, siento que buscan algo de mí, pero se van. Cantan para buscar. Se acarician con las ramas con las que nunca antes los había visto acariciarse. Pero no buscan esa caricia, ni siquiera buscan agua, ni comida, ni sombra, pero a eso vienen, a buscar. Y me remuerden las nubes de mis recuerdos y vienen para llover, tampoco buscan eso, pero husmean. Vienen como obedeciendo órdenes, como desobedientes de las estaciones y los horarios ¿Qué pájaro había venido a esta hora contados tengo sus horarios? ¿Quién, de entre tantos pájaros que llegan a buscar comida, sombra y agua, había visto en la pared la estructura de una rama?

Vienen a buscar, estoy seguro y remuerden mi costumbre. No me lastiman, me pueblan. No me dan miedo, tampoco alegría. Uno de ellos, que no me ve, sabe que estoy cerca, abre el pico en uve, se queda así, como si aspirara averiguando el aire, asegurándose un soplo de este aire y lo medio cierra y entonces canta con su canción muchachita el color del aire, el color de eso que busca, que no puedo todavía ver, pero lo escucho. Vienen a remorder mi oído, vienen y se van. Van a volver, van a encontrar.