Vienen
a buscar algo y se van. Se van, siento que buscan algo de mí, pero se van. Cantan
para buscar. Se acarician con las ramas con las que nunca antes los había visto
acariciarse. Pero no buscan esa caricia, ni siquiera buscan agua, ni comida, ni
sombra, pero a eso vienen, a buscar. Y me remuerden las nubes de mis recuerdos
y vienen para llover, tampoco buscan eso, pero husmean. Vienen como obedeciendo
órdenes, como desobedientes de las estaciones y los horarios ¿Qué pájaro había
venido a esta hora ─contados
tengo sus horarios─?
¿Quién, de entre tantos pájaros que llegan a buscar comida, sombra y agua,
había visto en la pared la estructura de una rama?
Vienen a buscar, estoy seguro y
remuerden mi costumbre. No me lastiman, me pueblan. No me dan miedo, tampoco
alegría. Uno de ellos, que no me ve, sabe que estoy cerca, abre el pico en uve,
se queda así, como si aspirara averiguando el aire, asegurándose un soplo de
este aire y lo medio cierra y entonces canta con su canción muchachita el color
del aire, el color de eso que busca, que no puedo todavía ver, pero lo escucho.
Vienen a remorder mi oído, vienen y se van. Van a volver, van a encontrar.
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