miércoles, 28 de agosto de 2013

Será alas




A Sergio  Rosas 

I

Que no aparte la morada de la sed
-el agua es el fin-
que no respire, del jardín, 
la múltiple muerte.
Que la flor sea a su nariz
lo que el corazón a la sangre.
humedad… mejilla… soledad…
llanto será, llama segura…
con qué nombre
reconocerá el espiral del hombre.

II

Termina de propagarse la luz lunada
Se vestirá
será de piel, como siempre ha sido,
pero será de triángulo saliendo de la espalda,
de los brazos, será alas, noche.

sábado, 17 de agosto de 2013

FEDERICO




Hablo contigo, con nadie, de ti, sombra, muerte, paz, dominación del tiempo. Nunca otra cosa que una muralla. Si en algo he estado, ha sido en la voluntad de revivirte. Fuera de mí, contigo. Federico ¿Qué fábula y qué flores? Abierta araña trasatlántica, has sido, y el dos. Un soldado limitado de guerras, ha venido esta noche a acariciarme y lo he despreciado, no tenía tu voz, ni tus manos, menos sabía en qué madrugada norteamericana estuviste, ni en qué verbena los cocodrilos te cantaron hasta que se hicieron perros y luego golondrinas, luego abejas y hasta caballos, como lo meditaste, y entonces hacia la muerte fueron alegres, vividos de todo, satisfechos. Por ti me siento poeta, ahora, por ti lo he sido. Huéspedes los versos en mis venas; perros, en mi corazón, tus poemas; aldeas de palabras, riscos de párrafos duros, he tenido. Plomos, hasta memorias, experiencias, la propia voz que me levanto, el propio llanto, la mirada propia, el gesto, la imagen, la ropa, el sombrero, la almohada, menos el amante, he copiado de tu copiosa estampa. No sé escribir canciones, pero sé aullar la cama, el desencanto, hacer de las nubes mutilaciones sonoras de los vientos, que tormentas sean los limpios cielos. He sudado de los volcanes de mi tierra a Granada caliente, líquida para vivir herido. Además, este Agosto, me he sentido solitario; estoy rodeado de malos caracoles, de playas sin tortugas, pero me ha salvado lo que me hiciste soñar:
Salvador Dalí jugaba con largas trenzas de sus bigotes por donde subían hormigas con patas de gallinas que cantaban Nessun dorma y él era su propio concierto. Ignacio Sánchez Mejías toreaba las estrellas que lo intentaban asesinar y lo único que pudo matar fue a los marineros que intentaban besarlo, sobre órbitas de la caricia homosexual. Fugaces eran entonces las bolas encendidas que los propios toros guiaban. Bailarines de ballet, de tango, paisajes de gitanos, en cante jondo, el ansia del cáncer, el amor que ya era roca. En las terrazas de edificios muy altos, había una cascada de rebozos y Bernarda Alba era una multiplicación en el espacio, en los relojes, en esa lluvia por donde resbalaban lágrimas de tus gacelas oscuras. Sombras, sí, gacelas sombras, fantasmas de las gacelas, verdaderos llantos cayendo. Yo era una gacela. Sentado sobre tu nombre, con un bolígrafo de mis propias plumas, tomaría el dictado de tu poema póstumo y presente, con la tinta del río Hudson, gris, con lenguas de aviones, coronado de miel; pero tu voz, fuera del sueño, el centro del vacío, la búsqueda perpetua, no llegó. La luna enharinada de sol, el sol clavado en el eclipse, la tierra con néctar de espejos, danzaban los edificios, encima de hombres. Tú, de repente ya soñabas, ya tus muslos descansaban, ya tus ojos se cerraban de nuevo y esta vez para siempre: pesadilla.
Sucumbo este Agosto, este año de nebulosas. Y vuelo encima de fuentes.
Sigo esperando, espero a un hombre de oídos abiertos, pedinche de poemas, que se tienda a la cama, abierto, pidiéndome lectura, la voz mía, diciéndole lo que no es mío pero que parezca, como a veces funciono. Quizás de ti vencido, venzo mi voz, mi pensamiento, el orgullo. Te conviertes, en mí, soberbio. Te arrullo, arrullo al libro, al tiempo, tu muerte, tú muerto, saldrás de este que quiere ser tu espejo, enemigo vencido, vencedor de mí, venzo para separarme, atraerme, ser, dormir la historia, regocijarme en la ventura de tu alborotado pecho; vencer la indiferencia es morir. Quiero levantarme, correr, irme, sumirme en ti, sumiso, que tu poesía sea un templo, un dogma, mi estigma.
Tú, que estás en mi segunda raíz, eres el centro de mi vientre, de mi parcela que ha fincado flores; en vientos, ido pétalos que vencen las estrellas y al carbono.
Aquellos que me conocen, te conocen. Quiero ser como tú, no lo haré, no seré, pero lo aspiro. Soy.
Lloro, sin lágrimas, todos los días, gimo, desde el cerebro, como, con angustia, con culpa. Caudal de miedo. Luna de ojos, de lágrimas, la luna que lloraba en tu nombre; las ramas de tu nombre, el tiempo de las ramas no ha partido. Tú.
Eres mi clínica, Federico, fórmula de mi poesía.
Cuando mane hedor de mi aflorado cuerpo, cuando lance mi última herida, la definitiva, cuando el luto sea la conversación que han de darme, cuando me recen, cuando tú no seas menos, cuando sea más, cuando el silencio sea mi rostro, mi jardín se confunda, parezca plomo, negro, fulgor de sombra, cuando quieran leer toda mi poesía, cuando los deshabite, los deshabite para que me busquen, sollocen mis amigos, se estremezcan mis venas, me derruyan larvas, cobre el destino mi recorrido;
tú: origen: yo: poesía
tuyo, el humor de las flores,
la sapientísima poesía, la dolorosa, la tragedia; saldrás de mí, ya no me vestirás. Seremos lo mismo: muerte. Menos que cuerpo, dibujo; menos que sangre, óleo, aceite, brebaje; que eternidad, tiempo; que viento, suspiro y no propio. Recuerdo. Así, no juntos, como nunca, como a través de la modernidad espesa, la diáspora, tu camino, mi destino, fincaremos el Adiós y éste será la casa eterna. 



sábado, 10 de agosto de 2013

MI NOMBRE



Tendrás mi nombre dentro de tu lúcida mente, como hasta ahora, nunca, hablando de sí por mí, por nosotros. Mi nombre disciplinado a la emoción de tu corazón, de tu sentido romántico, de tu tradición cristiana, la obra de tu conciencia, tus ilusiones, el polvo superior. Mi nombre, abrazarás mi nombre rudamente, lo querrás romper porque ya no tiene el cuerpo mío que es mi nombre. Y elegirás entre conocer a otro con el mismo nombre o a darte amnesia: imposible. No te desprenderás, aunque lo quieras, de mi nombre, como yo no del tuyo. Experimentarás mi nombre en la posterior experiencia que vendrá, indefiniblemente en el destino. Mañana seremos el tesón en la fórmula del amor vendido a otro amor nuevo. Huella de mí, mi nombre, mi nombre, mi ocupación, tu recuerdo, tu imitación, tu nuca, tu frente, tus manos, ocupando tus hombros, adherido a tu pene, al gemido, al grito, al llanto. Como roca que cae del volcán, seca, vendrá desde el centro de los misterios la revelación de mi nombre. Bestia de la sierra, concentrada monja, puto horizontal, grafología última, el miedo inmolado, el tren que te despierta, el adiós, el hombre que truena, la lluvia caligráfica, mi ayer, tu pasado, tu origen, la chingada, el cabrón, la respuesta del pederasta sin labios, la nana impúdica de la boca, el doble ser, la conciencia humana, la palabra con la que has de, al sol, penetrarte el pecho, sol iluminación, sol penacho, sol ritmo, sol movimiento, periodicidad de la carne, arruga, adoración, picoteo, pájaro; mi nombre, mi nombre que te asistió la lengua y te untó de alegría, noches.
Mi nombre yo, el yate, no el mar, río. Extrañarás mi nombre cuando la soledad hierva los acentos y se despeñe su tonada en barrancas de tu abismal garganta. El humor cobrizo de mi nombre, la flecha: la antesala de la herida, o de la muerte y su juventud, te tratarán de estorbo cuando, en depresivo ánimo, olvides pronunciarlo.
Hoy, cuando alimento, como tierra, congregues para acabar con tu hambre, entenderás que la boca tiene funciones para la carne limpiamente, que dobla escenas y permanece como entrada y aun así traslada inicios de fondos.
Antes de dormir, te acordarás del grupo cutáneo que, de mí, maniobraste, y te masturbarás con tu túnica noctámbula. Tu semen, como el aceite que ayudará a la sombra a irse, resbalará de ti, te anegará el secreto. Aridez en el destino. Mi nombre es una pierna. Mi nombre es un beso. Mi nombre es una rotura histórica de tu fuerte postilla vivencial.
Esta bocanada de significados, te atravesará la deuda, con un antifaz de aventura, y retrasarás el inicio de la ruta donde todo lo que escribimos habrá de morírsenos.
Llorarás, lloraré, absuelto de la frialdad y el egoísmo, y mi nombre tendrá tibieza de las lágrimas en ese tiempo del reposo que terminará cuando las piernas suenen en la marcha de un próximo acento.  Lloramos por dolor, por melancolía, por los ojos.  
Detén la flexibilidad del calor y exponte a la identificación del frío, quiero romperte, quebrarte a mi cintura, desesperarme de la cristalina carne tuya. Montarte y acariciarte, salir de ti, como las nubes de los cerros. Ser del pensamiento, bosque; del jardín, flor; del cuerpo, corazón; y de la muerte, cuerpo. Ser, nacer de ti para también rendirme. Gritarte, desde dentro, el nombre de mi país, doler, dentro, las presentes turbias aguas que antes fueron retinas de los ojos de los ríos, de las lagunas que ya no están. Hablarle a tu hígado de los dulces y del trabajo; a tus intestinos, de los canales; a tus costillas, de la cárcel. Ser, otra vez, vivir la casa de la célula, burlarme de tu alma en la entraña que ha de lastimarte con los murciélagos de mi voz. Mi voz, la acostumbrada a los modos jotos que he aprendido. Cosquillearte con mis pestañas alzadas, duras de rímel. Endulzarte la sangre con los modos de mujer que detuve en mi cadera. Ser la roja arquitectura de tu hemoglobínica multitud energética. Quiero buscar el halago de los encadenados, de los necios, para ser la conquista que en otro lugar no quiero ser. Saber que vivo, más que sentirlo.
Me depilo las cejas para enmarcar bellamente a mis bellos ojos, quiero que tengan limpia la casa de mi faz −mis ojos−,  ser el lampiño en quienes las gotas juegan libres y me honre la aguasada sensación del sudor. Me depilo, para que alambres no me enloden la tierra que el aire trajo en su milagro caminante, para aceptar el tiempo en que vivo con su estética del vello. Aceptar la prescripción no siempre es vaciarse de crítico, sino es comprender la manera única de ser humano. Y yo quiero ser humano, ser la multitud, suplir a la naturaleza, no temerla, no acabar con ella, sólo suplirla desde la palabra, con la trama de significados: el abordaje.
Buscaré el beso, la sonrisa, la mudez, la sombra de los árboles, su consuelo, su fruto, sus hojas mudadas como separadores de mis libros. Buscaré el sexo, la belleza del hombre, te buscaré para que repitas mi nombre y mi mediocridad. Tú, a huelga de tu voluntad, me besarás la ofensa pues otra no encontraste. Elegiste, siempre has elegido, no llegar a mí, aunque fui el destino. Elegiste gratificarte de literatura política y no de la amorosa, la navaja para tu cuerpo y no el llanto, el reconocimiento, la rebeldía a ser distinto. Me elegiste a mí, sin elegirme, eligiendo lo que elegiste. Rechazando lo que rechazaste, no me rechazaste cuando a mí llegaste, por rechazarlo.
Querrás los ecos de mi voz cuando no soportes el silencio. Querrás de mí nublarte. Entre las distancias de los tiempos los cauces presenciales se presentan como única estampa nuestra. No seremos ya lo que antes fuimos. No, no lo seremos, no quiero que lo seamos. Ya fuimos, ya estuvimos, ya mi debilidad conoces, ya tus gestos. No podré cerrarte los ojos al mundo. Elige, sigue eligiendo la fuerte música de los cuerpos.
Que el mariachi suene esta vez, que mis oídos se hagan a su manera mexicana, a su fiesta, quiero oír. Tener mis oídos fuertes, libres.
Del abdomen me salió un árbol, tengo sal y arena, fui un mar y un monte, alguna vez. Después de ti no sé qué me nacerá, ni en qué región del pensamiento y la experiencia estaré, si la soledad vendrá o yo, a ella, iré, si parirá mi estómago barro o agua, si mi mirada tendrá inocencia, senectud, odio, juventud, hecho o deshecho estaré, interesado o desinteresado, memoria u olvido, echado al color o a la transparencia; desde ti, claro. Yo, en domicilios de círculos, habitaré.
La vida es huella.
−Pasa, acaricia esta unción con tu corazón. No dejes que tu olor gobierne. No permitas que el pánico te haga roca. No aceptes la confusión. Ésta es tu estación. Desde aquí, no importa antes, parte, bate alas, impulsa pies, renace pensamientos. Sentirás y no sentirás. Hemos jugado con el tiempo.
− ¿El tiempo o los tiempos?
−Los juegos han sido tiempos.
 Las deudas he quemado. No gis tus huesos todavía, sino bermellón estatura. Dibújate, acostúmbrate, gástate, frente a este panorama no te resistirás, verás.
− ¿Y lo que he sido?
−Has sido.
Hoy que es mañana. Hoy he llegado. Hoy perdóname, gavilán, de ayer. Hoy perdón. Hoy perdóname las retinas prometidas, las visiones que no llegaron. Hoy perdóname la burla que me entusiasmó, la humildad que no tuve. Hoy perdóname tu herida de ayer: tu cicatriz.
Hoy entrométete en la montaña de mañana. Este hijo adornado del tiempo: hoy. Este resultado: hoy.  Este espacio: hoy. La sequedad: hoy: la humedad. Esta voluntad del pájaro: hoy. Este suplicio: hoy: este encanto.
Golondrina, provisiones de tren te quedas. Te quedas con calabozos para ignorar, con muerte, como todo destino, ejecutada del suelo, asida a estas horas. Los párpados serán tus alas: cerrarás y abrirás los ojos para ir y venir. Comerás la costumbre de los relojes, y beberás el ritmo de la ciudad. No almidonada, no melada, transitarás limpia. 




jueves, 8 de agosto de 2013

HE QUERIDO VOLAR




Enterraste palomas en mi pecho,
me dijiste palabras aladas,
me trataste de nido,
ahora,
que juntos no estamos,
que tú,
en secuencia,
tratas de líneas a otros cuerpos,
he querido volar
y no he podido.