Tendrás mi nombre
dentro de tu lúcida mente, como hasta ahora, nunca, hablando de sí por mí, por
nosotros. Mi nombre disciplinado a la emoción de tu corazón, de tu sentido
romántico, de tu tradición cristiana, la obra de tu conciencia, tus ilusiones,
el polvo superior. Mi nombre, abrazarás mi nombre rudamente, lo querrás romper
porque ya no tiene el cuerpo mío que es mi nombre. Y elegirás entre conocer a
otro con el mismo nombre o a darte amnesia: imposible. No te desprenderás,
aunque lo quieras, de mi nombre, como yo no del tuyo. Experimentarás mi nombre
en la posterior experiencia que vendrá, indefiniblemente en el destino. Mañana
seremos el tesón en la fórmula del amor vendido a otro amor nuevo. Huella de
mí, mi nombre, mi nombre, mi ocupación, tu recuerdo, tu imitación, tu nuca, tu
frente, tus manos, ocupando tus hombros, adherido a tu pene, al gemido, al
grito, al llanto. Como roca que cae del volcán, seca, vendrá desde el centro de
los misterios la revelación de mi nombre. Bestia de la sierra, concentrada monja,
puto horizontal, grafología última, el miedo inmolado, el tren que te
despierta, el adiós, el hombre que truena, la lluvia caligráfica, mi ayer, tu
pasado, tu origen, la chingada, el cabrón, la respuesta del pederasta sin
labios, la nana impúdica de la boca, el doble ser, la conciencia humana, la
palabra con la que has de, al sol, penetrarte el pecho, sol iluminación, sol
penacho, sol ritmo, sol movimiento, periodicidad de la carne, arruga,
adoración, picoteo, pájaro; mi nombre, mi nombre que te asistió la lengua y te
untó de alegría, noches.
Mi nombre yo, el
yate, no el mar, río. Extrañarás mi nombre cuando la soledad hierva los acentos
y se despeñe su tonada en barrancas de tu abismal garganta. El humor cobrizo de
mi nombre, la flecha: la antesala de la herida, o de la muerte y su juventud,
te tratarán de estorbo cuando, en depresivo ánimo, olvides pronunciarlo.
Hoy, cuando alimento,
como tierra, congregues para acabar con tu hambre, entenderás que la boca tiene
funciones para la carne limpiamente, que dobla escenas y permanece como entrada
y aun así traslada inicios de fondos.
Antes de dormir, te
acordarás del grupo cutáneo que, de mí, maniobraste, y te masturbarás con tu
túnica noctámbula. Tu semen, como el aceite que ayudará a la sombra a irse, resbalará
de ti, te anegará el secreto. Aridez en el destino. Mi nombre es una pierna. Mi
nombre es un beso. Mi nombre es una rotura histórica de tu fuerte postilla
vivencial.
Esta bocanada de
significados, te atravesará la deuda, con un antifaz de aventura, y
retrasarás el inicio de la ruta donde todo lo que escribimos habrá de
morírsenos.
Llorarás, lloraré,
absuelto de la frialdad y el egoísmo, y mi nombre tendrá tibieza de las
lágrimas en ese tiempo del reposo que terminará cuando las piernas suenen en la
marcha de un próximo acento. Lloramos
por dolor, por melancolía, por los ojos.
Detén la flexibilidad
del calor y exponte a la identificación del frío, quiero romperte, quebrarte a
mi cintura, desesperarme de la cristalina carne tuya. Montarte y acariciarte,
salir de ti, como las nubes de los cerros. Ser del pensamiento, bosque; del
jardín, flor; del cuerpo, corazón; y de la muerte, cuerpo. Ser, nacer de ti
para también rendirme. Gritarte, desde dentro, el nombre de mi país, doler,
dentro, las presentes turbias aguas que antes fueron retinas de los ojos de los
ríos, de las lagunas que ya no están. Hablarle a tu hígado de los dulces y del
trabajo; a tus intestinos, de los canales; a tus costillas, de la cárcel. Ser,
otra vez, vivir la casa de la célula, burlarme de tu alma en la entraña que ha
de lastimarte con los murciélagos de mi voz. Mi voz, la acostumbrada a los
modos jotos que he aprendido. Cosquillearte con mis pestañas alzadas, duras de
rímel. Endulzarte la sangre con los modos de mujer que detuve en mi cadera. Ser
la roja arquitectura de tu hemoglobínica multitud energética. Quiero buscar el
halago de los encadenados, de los necios, para ser la conquista que en otro
lugar no quiero ser. Saber que vivo, más que sentirlo.
Me depilo las cejas para
enmarcar bellamente a mis bellos ojos, quiero que tengan limpia la casa de mi
faz −mis ojos−, ser el lampiño en
quienes las gotas juegan libres y me honre la aguasada sensación del sudor. Me
depilo, para que alambres no me enloden la tierra que el aire trajo en su
milagro caminante, para aceptar el tiempo en que vivo con su estética del
vello. Aceptar la prescripción no siempre es vaciarse de crítico, sino es comprender
la manera única de ser humano. Y yo quiero ser humano, ser la multitud, suplir
a la naturaleza, no temerla, no acabar con ella, sólo suplirla desde la palabra,
con la trama de significados: el abordaje.
Buscaré el beso, la
sonrisa, la mudez, la sombra de los árboles, su consuelo, su fruto, sus hojas
mudadas como separadores de mis libros. Buscaré el sexo, la belleza del hombre,
te buscaré para que repitas mi nombre y mi mediocridad. Tú, a huelga de tu
voluntad, me besarás la ofensa pues otra no encontraste. Elegiste, siempre has
elegido, no llegar a mí, aunque fui el destino. Elegiste gratificarte de literatura
política y no de la amorosa, la navaja para tu cuerpo y no el llanto, el
reconocimiento, la rebeldía a ser distinto. Me elegiste a mí, sin elegirme,
eligiendo lo que elegiste. Rechazando lo que rechazaste, no me rechazaste
cuando a mí llegaste, por rechazarlo.
Querrás los ecos de
mi voz cuando no soportes el silencio. Querrás de mí nublarte. Entre las
distancias de los tiempos los cauces presenciales se presentan como única
estampa nuestra. No seremos ya lo que antes fuimos. No, no lo seremos, no
quiero que lo seamos. Ya fuimos, ya estuvimos, ya mi debilidad conoces, ya tus
gestos. No podré cerrarte los ojos al mundo. Elige, sigue eligiendo la fuerte
música de los cuerpos.
Que el mariachi suene
esta vez, que mis oídos se hagan a su manera mexicana, a su fiesta, quiero oír.
Tener mis oídos fuertes, libres.
Del abdomen me salió
un árbol, tengo sal y arena, fui un mar y un monte, alguna vez. Después de ti
no sé qué me nacerá, ni en qué región del pensamiento y la experiencia estaré,
si la soledad vendrá o yo, a ella, iré, si parirá mi estómago barro o agua, si
mi mirada tendrá inocencia, senectud, odio, juventud, hecho o deshecho estaré,
interesado o desinteresado, memoria u olvido, echado al color o a la
transparencia; desde ti, claro. Yo, en domicilios de círculos, habitaré.
La vida es huella.
−Pasa, acaricia esta
unción con tu corazón. No dejes que tu olor gobierne. No permitas que el pánico
te haga roca. No aceptes la confusión. Ésta es tu estación. Desde aquí, no
importa antes, parte, bate alas, impulsa pies, renace pensamientos. Sentirás y
no sentirás. Hemos jugado con el tiempo.
− ¿El tiempo o los
tiempos?
−Los juegos han sido
tiempos.
Las deudas he quemado. No gis tus huesos
todavía, sino bermellón estatura. Dibújate, acostúmbrate, gástate, frente a
este panorama no te resistirás, verás.
− ¿Y lo que he sido?
−Has sido.
Hoy que es mañana.
Hoy he llegado. Hoy perdóname, gavilán, de ayer. Hoy perdón. Hoy perdóname las
retinas prometidas, las visiones que no llegaron. Hoy perdóname la burla que me
entusiasmó, la humildad que no tuve. Hoy perdóname tu herida de ayer: tu
cicatriz.
Hoy entrométete en la
montaña de mañana. Este hijo adornado del tiempo: hoy. Este resultado: hoy. Este espacio: hoy. La sequedad: hoy:
la humedad. Esta voluntad del pájaro: hoy. Este suplicio: hoy: este encanto.
Golondrina,
provisiones de tren te quedas. Te quedas con calabozos para ignorar, con
muerte, como todo destino, ejecutada del suelo, asida a estas horas. Los
párpados serán tus alas: cerrarás y abrirás los ojos para ir y venir. Comerás
la costumbre de los relojes, y beberás el ritmo de la ciudad. No almidonada, no
melada, transitarás limpia.

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