Puedes vestirte ya,
sustraerte de este
quebranto.
Perdón por el informe
de mi ansia
Fuera de mí,
no lo sabía,
también podía ser
sonoro y fino.
Disculpa a las impávidas
sirenas de mis dientes,
vibrátiles, como
impugnación de colibríes
No sabía cómo se
desangraba un lirio
después de la
estratagema
del destino rumiado,
alevoso.
Sentí el pulso en las
piernas,
como corazón de tren,
y entonces la avena
hervida
sobre tus genitales,
encendida,
anegándote.
Pero déjame
abrazarte,
besarte el corazón
sereno,
quitarte la humedad
del fruto de la
betula pendula, moreno,
quiero acunarte,
aposentarte,
cantarte,
sonabas a silencio.
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