Cerro de Tláloc
Índices texcoquenses con sombrillas para el fuego
miden tiempo y dicen:
Marzo también agoniza
ya se muere y fue asesino
Un asesino se muere. Un asesino también se muere.
Dejó en ti la alfombra negra, sombra de la ceniza
un armazón que huele a abatimiento
querido Tláloc retorcido, labio del carbón, adherido a un cerro
¿Por qué caiste en su vocablo, labia del abatimiento?
Yo te prometí mi aliento y tú un zapato de nieve
te prometí mi casa cerca y tú la lluvia
no hoyo homicida, ni fragancia que se sufre
Fue la primavera, la primavera con su sol desesperadamente solo, fueron tus ahogados celos
quiero despedirme de ti y no puedo
porque estás donde no te quise
desierto, lejano y triste
removiendo la cruza de mi corazón con un cementerio.
Sabes que desde ti imagino a mi esposo que medita su próxima calentura.
Que a través de tu pináculo pienso en el suyo.
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