Los ojos, los trenes, las sirenas que no cantan
y yo con Eugenia, envidiando mi sangre que se lleva.
El arrullo de esta cama, la injuria, la burla de los desenamorados
y Eugenia comiéndose mi carne, sigue.
La amistad que seca la lógica del prepucio
los poemas éticos, la literatura ventilada, el premio nobel:
Concubino del elogio en dólares.
Y yo bostezo con la boca eternamente con Eugenia.
Debe de haber un cementerio para las vainas que nos dejan
/ el glande expuesto
porque un caracol cuando camina es largo y regresa a su refugio
pero éste ya no volverá.
Temiendo el roce
envidiando a la mujer latina
a la contundente risa del cirujano con Eugenia en el bisturí
con su hombría y manos nerviosas
que se lleva la sombrilla
que da luz a un madero
y que detestan los judíos y los cristianos antiguos
que la sombra es un cráter que guarda orín y semen.
Bálsamo del secreto
del olor a postergado
negándome el jabón y la lengua.
Dormido con Eugenia hecha
que me advierte el sueño erótico
con la amenaza de sangrar el circunloquio de mi sexo deshabitado.
Hoy no quiero soñar,
que la boca de Eugenia
se lleve por tres semanas el libido que aún me pertenece.

1 comentario:
Estupendo, siempre con delicados toques eróticos...
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