Moría en la soledad, clavada en la profundidad de sus ojos, era quien arrullaba a la luna, quien prendía el sol.
La nostalgia lo arrastraba en las paredes, en el suelo relativo de su pantano. Mordía sus labios recordando los besos de los ayeres, con la espada erecta al cielo, las manos nerviosas, imploraba volver a los años de sus mocedades; con siente cajas, siete pecados, divanes de sus secretos: Una carta en el pecho, la letra en el oído, con la cabeza revuelta y el tiempo marchito; En el sur del cuerpo el olor a fétido, un brebaje de amores de la cuna y esta historia silente.
-Él-
No por favor ánima no quiero ser, cómo volverme tierra, cómo alma libre, cómo me tiño de arco iris, cómo, dónde plasmo el nombre que me traduce; Cómo si mis manos no responden al raciocinio, el dolor habla y, aunque el lamento calle, mi corazón quiere descansar.
Mordía incertidumbres, tomaba un alfanje, cerraba los ojos, las manos paralelas recibieron las alas,
subió, se volvió siete años después en arena, pero
Pero algo estorba, el dolor descansa ahora en mi cabeza.
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