a Fernando Irineo
I
Decir de ti, lo
verdadero
sería afirmarte doble
vez,
por vez primera.
Amigo,
fuente de raíz: tu
pensamiento,
sangre verde, árbol
de calavera,
he visto, sobre tu
corazón,
la estalactita,
la pena erguida;
he visto
sobre tu boca el beso
y sembrándolo en
pájaros.
Tengo miedo de
escribirte
porque escribes.
Tengo miedo de no
decirte.
Pero adopto los
vocablos
como una juventud que
se está yendo
para estar como tú,
en contra del
silencio.
Sobre la palabra
dicha
se edifica la patria.
II
No son tus ojos, los
ojos de Octavio Paz,
ni su mirada, tu
mirada erudita.
Es una voz
laberíntica que recita,
que, albinamente, no
dirá al alcatraz.
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