Es difícil comprender un lenguaje en el que no estoy
inscrito. La expresión del que danza es, para mi percepción, una expresión que
no quedará, entonces, plenamente comprendida.
Los lectores de poemas que hacen poemas comprenden
forma y contenido -no siempre- El contenido es el único fin para el lector
simple de poesía. La comprensión del poema es así, comprensión del sentido del
poema. Saber en qué consiste la arquitectura que sostiene la forma de un poema
es un eco en la experiencia poética del que lee poesía. Saber que la redondilla
está constituida por una estructura silábica, estrófica, de rimas asonantes y
consonantes; en la que pueden estar inscritos los recursos o figuras literarias
como los hipérbatos, perífrasis, anástrofes... no nos reduce la idea, por
ejemplo, en Hombres necios que acusáis,
del valor masculino y la labor femenina que introdujo sor Juana en el poema,
amén de múltiples interpretaciones que dependen de la mirada con que se llegue
al poema.
Desconozco los "recursos" de la danza. Soy
un simple espectador. No puedo hacer crítica, sólo comento mi experiencia a
propósito de las funciones del Diplomado "Vinculación Dancística
Profesional" llevadas a cabo en el Centro Cultural Los Talleres, Coyoacán.
La primer coreografía es "Vínculos" de
Javier Romero; según la propia argumentación de la obra, "aborda simbólicamente
la incomunicación". Aura Lucía Ferrer, Paulina López Montañez y Víctor
Manuel Barrera Tepayotl, al danzar, golpean al espacio. Mi primer dificultad
aparece cuando no logro ver la unidad, me refiero a que de ellos, los tres,
puedo ver a uno. Los tres se mueven, por momentos, con independencia, lo
abarcable es lo visto. Tuve que hacer un ejercicio con la mirada: volverla
horizontal, abarcadora. Lo que veo es lo único posible. Es, entonces, quizás
aquí la primer incomunicación que se presenta. La del espectador y la
"unidad" coreográfica. El camino desandado es el de la
sincronización. Lucía, Paulina y Víctor: un cuerpo fragmentado en tres. Son un
cuerpo inabarcable. Son una dinámica amorosa y violenta con sus piernas y sus
brazos. Las luces iluminan las curvas de sus cuerpos. Azules curvas, afirmación
del pene y sus senos, de sus nalgas junto a la oscuridad del hueco de sus
vientres y sus culos. Cuando la luz y la sombra danzan, danzan estos tres
elementos que, como antítesis del argumento coreográfico, sí se comunican.
A continuación "Soplo", de Isabel Beteta,
"no tiene argumento específico, maneja imágenes acuáticas o relacionadas
al mar y es un estudio del manejo de ritmos". Lo que me ocurre son
cuestionamientos: ¿Quiénes son? ¿Olas? ¿Barcos? ¿Quiénes son, y cómo son, los
que están envueltos en atavíos de papel -papel que, al moverlo, produce un
sonido que se equipara al del agua adueñada por el movimiento, producido por
quien sabe quién o qué- ¿Hacia dónde van? ¿Por qué se ocultan en ellos mismos y
se descuben a través de sí? ¿Y esos gestos? El agua tiene gestos, caracteres.
Estuve frente a una metáfora hermosa. Habité la metáfora. Fui risco y playa,
como el escenario lo era. Eran, los cuatro: Lucía, Paulina, Víctor y Beatriz
Haideé Hernández Ávila, el agua. No pude distraer mi vista del calzón blanco de
Víctor, quien deshizo su vestido, deshizo al mar con la fuerza de sus brazos
que "aleteaban". La desnudez del cuerpo no hubiera sido la desnudez
del cuerpo sino del mar; quizás hubiera estado frente al abismo. Fue indisociable,
la coreografía, a una estrofa del poema de Octavio Paz, Piedra de sol:
tu falda de maíz ondula y canta
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hundes raíces de agua un árbol líquido (...)
La última coreografía, fragmento de "Tipologías
exacerbadas", de Víctor Tepayotl, nos presenta lo inimaginable que es
pensar en un individuo libre en una comunidad a la que subordina sus
"naturalezas internas". El argumento me hizo pensar en la idea de
libertad de Jean-Jacques Rousseau en la que el hombre es libre en cuanto está
sujeto al concepto que sustenta a la libertad en los términos sociales. La obra
se resuelve en el conflicto. La libertad aparece en forma de relaciones
conflictivas, o, al menos, las justifica. Mientras que el ejercicio de la
libertad permanezca en secreto, permanecerá su pureza; si se revela, se
descubre la suerte del libre: suerte que lo arrojará al juicio, al desprecio, al
eslabón moral que nos encadena al mundo y lo hace posible.

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