domingo, 26 de abril de 2015

Vínculos, Soplo y Tipologías Exacerbadas



Es difícil comprender un lenguaje en el que no estoy inscrito. La expresión del que danza es, para mi percepción, una expresión que no quedará, entonces, plenamente comprendida.

Los lectores de poemas que hacen poemas comprenden forma y contenido -no siempre- El contenido es el único fin para el lector simple de poesía. La comprensión del poema es así, comprensión del sentido del poema. Saber en qué consiste la arquitectura que sostiene la forma de un poema es un eco en la experiencia poética del que lee poesía. Saber que la redondilla está constituida por una estructura silábica, estrófica, de rimas asonantes y consonantes; en la que pueden estar inscritos los recursos o figuras literarias como los hipérbatos, perífrasis, anástrofes... no nos reduce la idea, por ejemplo, en Hombres necios que acusáis, del valor masculino y la labor femenina que introdujo sor Juana en el poema, amén de múltiples interpretaciones que dependen de la mirada con que se llegue al poema.

Desconozco los "recursos" de la danza. Soy un simple espectador. No puedo hacer crítica, sólo comento mi experiencia a propósito de las funciones del Diplomado "Vinculación Dancística Profesional" llevadas a cabo en el Centro Cultural Los Talleres, Coyoacán.


La primer coreografía es "Vínculos" de Javier Romero; según la propia argumentación de la obra, "aborda simbólicamente la incomunicación". Aura Lucía Ferrer, Paulina López Montañez y Víctor Manuel Barrera Tepayotl, al danzar, golpean al espacio. Mi primer dificultad aparece cuando no logro ver la unidad, me refiero a que de ellos, los tres, puedo ver a uno. Los tres se mueven, por momentos, con independencia, lo abarcable es lo visto. Tuve que hacer un ejercicio con la mirada: volverla horizontal, abarcadora. Lo que veo es lo único posible. Es, entonces, quizás aquí la primer incomunicación que se presenta. La del espectador y la "unidad" coreográfica. El camino desandado es el de la sincronización. Lucía, Paulina y Víctor: un cuerpo fragmentado en tres. Son un cuerpo inabarcable. Son una dinámica amorosa y violenta con sus piernas y sus brazos. Las luces iluminan las curvas de sus cuerpos. Azules curvas, afirmación del pene y sus senos, de sus nalgas junto a la oscuridad del hueco de sus vientres y sus culos. Cuando la luz y la sombra danzan, danzan estos tres elementos que, como antítesis del argumento coreográfico, sí se comunican.

A continuación "Soplo", de Isabel Beteta, "no tiene argumento específico, maneja imágenes acuáticas o relacionadas al mar y es un estudio del manejo de ritmos". Lo que me ocurre son cuestionamientos: ¿Quiénes son? ¿Olas? ¿Barcos? ¿Quiénes son, y cómo son, los que están envueltos en atavíos de papel -papel que, al moverlo, produce un sonido que se equipara al del agua adueñada por el movimiento, producido por quien sabe quién o qué- ¿Hacia dónde van? ¿Por qué se ocultan en ellos mismos y se descuben a través de sí? ¿Y esos gestos? El agua tiene gestos, caracteres. Estuve frente a una metáfora hermosa. Habité la metáfora. Fui risco y playa, como el escenario lo era. Eran, los cuatro: Lucía, Paulina, Víctor y Beatriz Haideé Hernández Ávila, el agua. No pude distraer mi vista del calzón blanco de Víctor, quien deshizo su vestido, deshizo al mar con la fuerza de sus brazos que "aleteaban". La desnudez del cuerpo no hubiera sido la desnudez del cuerpo sino del mar; quizás hubiera estado frente al abismo. Fue indisociable, la coreografía, a una estrofa del poema de Octavio Paz, Piedra de sol:

tu falda de maíz ondula y canta
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hundes raíces de agua un árbol líquido (...)

La última coreografía, fragmento de "Tipologías exacerbadas", de Víctor Tepayotl, nos presenta lo inimaginable que es pensar en un individuo libre en una comunidad a la que subordina sus "naturalezas internas". El argumento me hizo pensar en la idea de libertad de Jean-Jacques Rousseau en la que el hombre es libre en cuanto está sujeto al concepto que sustenta a la libertad en los términos sociales. La obra se resuelve en el conflicto. La libertad aparece en forma de relaciones conflictivas, o, al menos, las justifica. Mientras que el ejercicio de la libertad permanezca en secreto, permanecerá su pureza; si se revela, se descubre la suerte del libre: suerte que lo arrojará al juicio, al desprecio, al eslabón moral que nos encadena al mundo y lo hace posible.








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