Lóbrega armonía de la
amargura
que raptas vecindades
del milagro:
Que estés conmigo,
amigo, como nardo,
adentro de mi dulce
arquitectura.
Seas caricia de gladiola,
pura,
no la espina para la
flor del cardo.
Besar tu flor, que
estés enamorado,
y romper mi prisión a
tu tersura.
Sobre asonantes
sueños, te medito.
En medio de soledades,
me sofoco.
Con singular quietud,
me precipito
No estás: relámpagos
provoco.
No niebla ni visión,
te necesito
Antes de abandonarme y volverme loco.
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