domingo, 15 de agosto de 2010

Amor, El Nuestro


Han de ser las ambiciones, el infierno que detestas o estas palabras que te visualizan


Y todo es el amor constante de desafiar a las orugas
a las mariposas que habitan tu pansa.

Qué esclavitud la de la malicia con la que pretendo hablarte y es que nadie
desde abajo
desde que no he escrito
desde el centro
no ha pedido la verdad sino mano-amiga
y detestan el ladrido de perro
cuando tratan de empezar a dormir
cuando yo digo que si el perro ladra es porque anuncia la muerte del día y su jamás regreso
como este mi a punto sueño.


Por eso vas a odiarme el resto de estas horas en las que piensas en mí
con un dolor de jeta y no recordando la mano que te dí por primera vez
-la izquierda y no la derecha-
porque desde el principio no quise que dictaras.


Pero si has de empezar a pensar en las promesas, entonces, desde el precipicio enciendes una escalera para subir caliente y perdonas lo que no deberías

algún gesto inocente has de encontrarme entonces estas ganas de volver a darte de comer en la boca
de ver tu ojo en acuerdo con la miel para conquistarme dulce.

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