
El cielo de Van Gogh eran dos colores finitos y corría por el azul amando Venecia y despreciando al hombre y nadie vacilaba de sus obras de un pincel con témpano, pero festejaba Navidad con un pino gigantesco.
Hitler navegaba con el tritón de boca y por mar la sangre, sus huesos fueron la osamenta de miles de rencores, pero enfermó de Parkinson y Poder. Jesús fue un subconciente de santificación y Lázaro fue su triunfo extraordinario pero murió de manos humanas.
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