miércoles, 2 de febrero de 2011

Rehén de la calle que sueña


Es el vértigo de la palabra
lo que el lenguaje del centro aspira la ronda:
lo vi, yo estaba sentado en un asiento que se permanecía en su nombre quieto
era una parabola.
Quedar sentado es permanecerse.

Rehén de la calle
sabías
que no era mi letra la que se remembraba
son las antiguas voces, sólo las antiguas.

Alguien sueña, y no soy yo
con escribir del amor hasta agotarlo
y come, se come el árbol, las semillas del suelo, los pelos de un gato
y a un perro que no sabe su nombre.
Alguien sueña, y no soy yo.

No hay comentarios: