miércoles, 23 de marzo de 2011

Que a México no llegue la Guerra

 
Que Potosí alargue su noche
que Cancún y Acapulco no tengan playa 
que Sonora se haga mar en sus desiertos  
que Monterrey devuelva el asfalto que sigua tragando en una gran piedra
y que Guanajuato parta una cebolla y lubrique sus estrías.

Hoy el planeta dispara su nostalgia
y yo no estaré para limpiar.
Que Michoacán se embriague 
y devaste su presión en una día idéntico a un laberinto
donde Nayarit y Morelos sean unas pajas con aire y dolor de cabeza inmundo de trecientos días.

Que Campeche ignore su color azul y Yucatán se funda agonizando sus fuegos
como para destruir con mar una vela y un cañón sin fuerza
Que Chiapas mate la poesía, los árboles, las velas de sus novias eternas, que enviude
para parecer solterona, que engorde y se ablande hasta hacerse horizonte de aguja.

Que Tamaulipas se esconda en las venas de los mezquites y que no hable, 
han sido años de esperar la gloria y repetir la gracia 
que Chihuahua derrita sus sangres secas, y resbalen los pies para irse.
que su infancia vuelva, la reproducción de los gusanos van siendo honorables
en el castigo, en la boca que se olvida de la oratoria dulce.
Que Hidalgo se inunde con nieves y tabacos, con blancos y morados discretos
que se vuelva cielo.
Michoacán descubra en su huerta 
las voces invisibles y doradas de los encuentros de la tierra docil
Y que Oaxaca me deje solo esta vez, 
que me deje cien colores en los pensamientos, 
que me deje sus morriñas para ser el mejor de los sombríos, 
que me bese con su boca de Hiervelagua y sus salitres.
Los arcos de Querétaro adornen como coronas 
los dientes del Popocatepetl y le den curso a la espesa saliva roja.

 Que Sinaloa sea más que un Tequila de cristal, 
se vuelva la oreja de este temeroso, y beodo artificial profundo, 
de sus playas y que Tabasco raspe la herida de los otros con sus hormigas
y sus lluvias de animal en celo, que Zacatecas sea una sábana pero que no duerma 
que acurruque su destino no-destino en el edificio que abraza la Ciudad de México 
y que me detuvo 
para empezar a silenciarnos.
Que Guadalajara interne su silencio en Zapopan
y Veracruz esconda sus sepulcros y se desprenda de sus comuniones
que todo el Estado de México se adhiera en polvo al Río de los Remedios
que Tlaxcala se haga gris y se vaya a Aguascalientes
donde los lobos se la están comiendo
que Yucatán se vuelva al ancestro y se sienta en las pirámides todas sus sienes
que, como buenas siamesas, las "Bajas Californias" se vayan juntas en una ráfaga de sol duro
que sirvan los alacranes para dejar a Durango abierto
pero que la cúspide de Puebla quede descubierta
porque entonces sabrán del amparo débil o no pero nuestro.
La guerra está aquí.
 
 

1 comentario:

Unknown dijo...

Amigo Lalo, la poesía me gusta así, entera, no la vuelvas a fraccionar. Saludos.