viernes, 25 de julio de 2014

No éramos este cadáver




Y esa flor, esa flor, amor, el huevo templado del mar, tu amorosa sonrisa, tus manos, las barrancas de los te amo, a tiempo, cuando no eras este cadáver, el nombre de esta comarca, el derrotado nombre, ciudad de México, Popocatépetl, sor Juana Inés de la Cruz, Buganvilias, las siete de la tarde ¿o decías que era ya la materia de la noche esa hora... esa flor anatómica, amarrada, sepultada, esa flor: Óscar Wilde, el libro azul que permanece en el librero y tiene tu nombre. Dorian Gray es un comando de piernas sobre mis hombros, y Gustave Flaubert es la cama mecida en agosto. Pero me empuño y Jean Genet y Cocteau son, lo que eras roído: el sudor, el polvo de las cortinas, las últimas cortinas, las grises, los rieles de los cañones, dueño de casi todos los nombres en los que me hago, todavía, y para siempre. Amor de nunca, te amaré siempre mañana. Mis pómulos ya son tenientes de las lágrimas y la imposibilidad ya no me espía, es el sur, el norte, la guarida del amanecer y la enclaustrada agua de miedo de la noche. A Iztaccíhuatl, le nace el sol; el Ajusco, lo absorbe, en el valle de México, lo decía, lo repetía, pero olvidaba el oriente. Me empuño. Xavier Villaurrutia, turbia muñeca de la electricidad y mis zapatos, mis piernas, ciudad de los murciélagos, esponja de aguamarinas, de rocas más; con él, finjo que me ablando y que saber me duele. Me empuño. Carlos Fuentes, arteria estrófica, membrana de intestinal modelo. Me empuño. Octavio Paz, racimo de emigración e inmigración de aguaceros desérticos, mascara con dos rostros, poético y laberíntico sol, segundo pie de sor Juana. Me empuño. Wislawa Szymborska, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Rosario Castellanos, Alfonsina Storni, integración femenil de mis varoniles enemigos, separación del corazón y las venas y, sin embargo, maquinal plumaje erguido, administradoras del suicidio, de la inquieta arruga del sueño y de la depuradora mirada de un siglo, del entrelazado dolor con la alegría, matiz carnal y color de la conquista. Me desconozco. Pablo Neruda, ojo entrañado, raíz de un ciclón mineral, atmósfera del aguijón que tengo en, de mi brazo, la vena. Me reconozco. Federico García Lorca, lámpara extendida, montaña española de granadina voz, imagen del heroico y patriótico fusilado, sangre de afiebrada temperatura, aullido de los tropos gitanos, principio de mi vida, de esta vida. Cuando no éramos este cadáver, textil oxígeno fuimos, cuando no éramos esta flor. 



Imagen: Ariel Soto




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