domingo, 16 de enero de 2011

Paranoia


Paranoia

Por mis uñas vi salir a dos de mis hijos, al tercero lo arrullaba, de repente, en una cuna que descansaba arriba de mi costilla derecha.
Yo tenía tres hijos;
ninguno temía las calamidades, no tenían edad, eran de piel muda;
a uno lo bañaba con agua de coco porque era de tierra y le gustaba jugar a ser raíz;
al otro, siempre tenía que secarlo, le gustaba ser monstruo de mar y huérfano de sequías;
el tercero era un orificio equivocado del carajo.
Amaba al retrete y los insectos. Griitaba con espasmos no vocales y era como una hectárea de imán.
Pero hoy soy triste. Los tres se me murieron el mismo día, cuando, por fácil de garganta, dejé pasar por ella cráneos y hormigas.
Hoy veo volverme espeso, ridículo, parezco un cíclope de ellos en mi piel postergada.
La hombría que me revienta es un viento de animal en celo. Soy tan culpable como inocente.
Mujer fálica de mis maderos, quiero volver a copular con las soledades.

No hay comentarios: